Silo

        Mario Rodríguez Cobos (Silo)  nació en Mendoza, Argentina, el 6 de enero de 1938.  No profesa ninguna religión ni es afiliado a partido
        político alguno.  Es casado, tiene dos hijos y vive en un pequeño pueblo de los alrededores de su ciudad natal.

    Su pensamiento comenzó a circular hace casi cuatro décadas en distintas partes del mundo, empezando por Latinoamérica. Hoy, su Mensaje
    recorre el planeta, propagando que una nueva espiritualidad está naciendo en lo profundo del ser humano.

    Recibió en 1991 el título de Doctor Honoris Causa, galardón otorgado por la Academia de Ciencias de Rusia.  Entre sus escritos citamos
    Obras Completas, Volúmen I, que incluye:  Humanizar la Tierra, Mitos Raíces Universales, Contribuciones al Pensamiento, El Día del León
    Alado, Experiencias Guiadas, Cartas a mis Amigos, Diccionario del Nuevo Humanismo, Habla Silo, y numerosas charlas y conferencias
    dictadas en diversas partes del mundo. En el año 2002, se publicó el Volúmen II de Obras Completas y su último libro titulado El Mensaje.  Las
    obras de Silo han sido traducidas a casi todos los idiomas oficiales y a muchos dialectos y circulan hoy por todo el mundo.


    La Curación del Sufrimiento

    Primera Arenga Pública
    Silo - Punta de Vacas, Cordillera de Los Andes
    4 de mayo, 1969

    "Si has venido a escuchar a un hombre de quien se supone se transmite la sabiduría, has equivocado el camino porque la real sabiduría no
    se transmite por medio de libros ni de arengas; la real sabiduría está en el fondo de tu conciencia como el amor verdadero está en el fondo
    de tu corazón.

    Si has venido empujado por los calumniadores y los hipócritas a escuchar a éste hombre a fin de que lo que escuchas te sirva luego como
    argumento en contra de él, has equivocado el camino porque este hombre no está aquí para pedirte nada, ni para usarte, porque no te
    necesita.

    Escuchas a un hombre desconocedor de las leyes que rigen el Universo, desconocedor de las leyes de la Historia, ignorante de las
    relaciones que rigen a los pueblos. Este hombre se dirige a tu conciencia a mucha distancia de las ciudades y de sus enfermas ambiciones.
    Allí en las ciudades, donde cada día es un afán truncado por la muerte, donde al amor sucede el odio, donde al perdón sucede la venganza;
    allí en las ciudades de los hombres ricos y pobres; allí en los inmensos campos de los hombres, se ha posado un manto de sufrimiento y de
    tristeza.

    Sufres cuando el dolor muerde tu cuerpo. Sufres cuando el hambre se apodera de tu cuerpo. Pero no solo sufres por el dolor inmediato de
    tu cuerpo, por el hambre de tu cuerpo. Sufres, también, por las consecuencias de las enfermedades de tu cuerpo.

    Debes distinguir dos tipos de sufrimiento. Hay un sufrimiento que se produce en ti merced a la enfermedad (y ese sufrimiento puede
    retroceder gracias al avance de la ciencia, así como el hambre puede retroceder pero gracias al imperio de la justicia). Hay otro tipo de
    sufrimiento que no depende de la enfermedad de tu cuerpo sino que deriva de ella: si estás impedido, si no puedes ver, o si no oyes, sufres;
    pero aunque éste sufrimiento derive del cuerpo, o de las enfermedades de tu cuerpo, tal sufrimiento es de tu mente.

    Hay un tipo de sufrimiento que no puede retroceder frente al avance de la ciencia ni frente al avance de la justicia. Ese tipo de sufrimiento,
    que es estrictamente de tu mente , retrocede frente a la fe, frente a la alegría de vivir, frente al amor. Debes saber que este sufrimiento está
    siempre basado en la violencia que hay en tu propia conciencia. Sufres porque temes perder lo que tienes, o por lo que ya has perdido, o
    por lo que desesperas alcanzar. Sufres porque no tienes, o porque sientes temor en general... He ahí los grandes enemigos del hombre: el
    temor a la enfermedad, el temor a la pobreza, el temor a la muerte, el temor a la soledad. Todos estos son sufrimientos propios de tu mente;
    todos ellos delatan la violencia interna, la violencia que hay en tu mente. Fíjate que esa violencia siempre deriva del deseo. Cuanto más
    violento es un hombre, más groseros son sus deseos.

    Quisiera proponerte una historia que sucedió hace mucho tiempo.

           Existió un viajero que tuvo que hacer una larga travesía. Entonces, ató su animal a un carro y emprendió una
    larga marcha hacia un largo destino y con un límite fijo de tiempo. Al animal lo llamo Necesidad, al carro Deseo, a
    una rueda la llamó Placer y a la otra Dolor. Así pues el viajero llevaba su carro a derecha e izquierda, pero siempre
    hacia su destino. Cuanto más velozmente andaba el carro, más rápidamente se movían las ruedas del Placer y el
    Dolor, conectadas como estaban por el mismo eje y transportando como estaban al carro del Deseo. Como el viaje
    era muy largo , nuestro viajero se aburría. Decidió entonces decorarlo, ornamentarlo con muchas bellezas, y así lo
    fue haciendo. Pero cuanto más embelleció el carro del Deseo más pesado se hizo para la Necesidad. De tal manera
    que en las curvas y en las cuestas empinadas, el pobre animal desfallecía no pudiendo arrastrar el carro del Deseo.
    En los caminos arenosos las ruedas del Placer y el Sufrimiento se incrustaban en el piso. Así, desesperó un día el
    viajero porque era muy largo el camino y estaba muy lejos su destino. Decidió meditar sobre el problema esa noche
    y, al hacerlo, escuchó el relincho de su viejo amigo. Comprendiendo el mensaje, a la mañana siguiente desbarató la
    ornamentación del carro, lo alivió de sus pesos y muy temprano llevó al trote a su animal avanzando hacia su
    destino. No obstante, había perdido un tiempo que ya era irrecuperable. A la noche siguiente volvió a meditar y
    comprendió, por un nuevo aviso de su amigo, que tenía ahora que acometer una tarea doblemente difícil, porque
    significaba su desprendimiento. Muy de madrugada sacrificó el carro del Deseo. Es cierto que al hacerlo perdió la
    rueda del Placer, pero con ella perdió también la rueda del Sufrimiento. Montó sobre el animal de la Necesidad,
    sobre sus lomos, y comenzó al galope por las verdes praderas hasta llegar a su destino.

    Fíjate como el deseo puede arrinconarte. Hay deseos de distinta calidad. Hay deseos más groseros y hay deseos más elevados. Eleva el
    deseo, supera el deseo, purifica el deseo!, que habrás seguramente de sacrificar con eso la rueda del placer, pero también la rueda del
    sufrimiento.

    La violencia en el hombre, movida por los deseos, no queda solamente como enfermedad en su conciencia, sino que actúa en el mundo de
    los otros hombres ejercitándose con el resto de la gente. No creas que hablo de violencia refiriéndome solamente al hecho armado de la
    guerra, en donde unos hombres destrozan a otros hombres. Esa es una forma de violencia física.

    Hay una violencia económica: la violencia económica es aquella que te hace explotar a otro; la violencia económica se da cuando robas a
    otro, cuando ya no eres hermano del otro, sino que eres ave de rapiña para tu hermano.

    Hay, además, una violencia racial: ¿crees que no ejercitas la violencia cuando persigues a otro que es da una raza diferente a la tuya, crees
    que no ejerces violencia cuando lo difamas, por ser de una raza diferente a la tuya?

    Hay una violencia religiosa: ¿crees que no ejercitas la violencia cuando no das trabajo, o cierras las puertas, o despides a alguien, por no
    ser de tu misma religión? ¿Crees que no es violencia cercar a aquel que no comulga con tus principios por medio de la difamación; cercarlo
    en su familia, cercarlo entre su gente querida, porque no comulga con tu religión?

    Hay otras formas de violencia que son las impuestas por la moral filistea. Tú quieres imponer tu forma de vida a otro, debes imponer tu
    vocación a otro...¿pero quién te ha dicho que eres un ejemplo que debe seguirse? ¿ Quién te ha dicho que puedes imponer una forma de
    vida porque a ti te place? ¿Dónde está el molde y dónde está el tipo para que lo impongas?... He aquí otra forma de violencia. Únicamente
    puedes acabar con la violencia en ti y en los demás y en el mundo que te rodea, por la fe interna y la meditación interna. No hay falsas
    puertas para acabar con la violencia. Este mundo está por estallar y no hay forma de acabar con la violencia! No busques falsas puertas!. No
    hay política que pueda solucionar éste afán de violencia enloquecido. No hay partido ni movimiento en el planeta que pueda acabar con la
    violencia. No hay falsas salidas para la violencia en el mundo... Me dicen que la gente joven en distintas latitudes está buscando falsas
    puertas para salir de la violencia y el sufrimiento interno. Busca la droga como solución. No busques falsas puertas para acabar con la
    violencia.

    Hermano mío: cumple con mandatos simples, como son simples éstas piedras y ésta nieve y éste sol que nos bendice. Lleva la paz en ti y
    llévala a los demás. Hermano mío: allá en la historia ésta el ser humano mostrando el rostro del sufrimiento, mira ese rostro del sufrimiento...
    pero recuerda que es necesario seguir adelante y que es necesario aprender a reír y que es necesario aprender a amar.

    A ti hermano mío arrojo ésta esperanza, ésta esperanza de alegría, ésta esperanza de amor para que eleves tu corazón y eleves tu espíritu, y
    para que no olvides elevar tu cuerpo."


    (Extraído de "Obras Completas" -Volúmen I)


    Los Principios de la No violencia


      Distinta es la actitud frente a la vida y a las cosas cuando la revelación interna hiere como el rayo.
    Siguiendo los pasos lentamente, meditando lo dicho y lo por decir aún, puedes convertir el sin-sentido en sentido. No es indiferente lo
    que hagas con tu  vida. Tu vida, sometida a leyes, está expuesta ante posibilidades a escoger. Yo no te hablo de libertad. Te hablo de
    liberación, de movimiento, de proceso. No te hablo de libertad como algo quieto, sino de liberarse paso a paso como se va liberando
    del necesario camino recorrido el que se acerca a su ciudad. Entonces, “lo que se debe hacer” no depende de una moral lejana,
    incomprensible y convencional, sino de leyes: leyes  de vida, de luz, de evolución.

    He aquí los llamados “Principios” que pueden ayudar en la búsqueda de la unidad interior.

    1. Ir contra la evolución de las cosas es ir contra uno mismo.

    2. Cuando fuerzas algo hacia un fin produces lo contrario.

    3. No te opongas a una gran fuerza. Retrocede hasta que aquella se debilite, entonces avanza con resolución.

    4. Las cosas están bien cuando marchan en conjunto no aisladamente.

    5. Si para ti están bien el día y la noche, el verano y el invierno, has superado las contradicciones.

    6. Si persigues el placer te encadenas al sufrimiento. Pero, en tanto no perjudiques tu salud, goza sin inhibición cuando la oportunidad
        se presente.

    7. Si persigues un fin, te encadenas. Si todo lo que haces lo realizas como si fuera un fin en sí mismo, te liberas.

    8. Harás desaparecer tus conflictos cuando los entiendas en su última raíz no cuando quieras resolverlos.

    9. Cuando perjudicas a los demás quedas encadenado. Pero si no perjudicas a otros puedes hacer cuanto quieras con libertad.

    10. Cuando tratas a los demás como quieres que te traten te liberas.

    11. No importa en qué bando te hayan puesto los acontecimientos, lo que importa es que comprendas que tú no has elegido ningún
          bando.

    12. Los actos contradictorios o unitivos se acumulan en ti. Si repites tus actos de unidad interna ya nada podrá detenerte.


    Serás como una fuerza de la Naturaleza cuando a su paso no encuentra resistencia. Aprende a distinguir aquello que es dificultad,
    problema, inconveniente, de esto que es contradicción. Si aquéllos te mueven o te incitan, ésta te inmoviliza en círculo cerrado.

    Cuando encuentres una gran fuerza, alegría y bondad en tu corazón, o cuando te sientas libre y sin contradicciones, inmediatamente
    agradece en tu interior. Cuando te suceda lo contrario pide con fe y aquel agradecimiento que acumulaste volverá convertido y
    ampliado en beneficio.  


      (Extracto de "El Mensaje de Silo")

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Paz y  la No violencia.

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